El romancero.

Entre la lírica popular y la poesía narrativa de los juglares se encuentran los romances. En torno a finales del XIV decae el interés por los largos poemas épicos y se produce la fragmentación del verso del cantar de gesta (tiradas de versos de 16 sílabas monorrimos en asonante). Surge el romance formado por octosílabos con rima asonante en pares. Estas composiciones conforman el Romancero Viejo (XIV y XV) y posteriormente el Romancero Nuevo, por escritores cultos en los siglos XVI y XVII.Es una forma métrica tradicional usada hasta nuestros días por autores como F. García Lorca.

El estilo del romance posee estas características.

  • Sencillez y espontaneidad.
  • Fragmentarismo.
  • Transmisión oral (repeticiones, paralelismos, exclamaciones…)
  • Uso del diálogo y estilo directo.
  • Apelación a los oyentes.
  • Diferentes versiones del mismo romance.

 

ROMANCE DEL PRISIONERO

 Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.

ROMANCE DE ABENÁMAR.

– ¡Abenámar, Abenámar,

moro de la morería,

el día que tu naciste

grandes señales había!

Estaba la mar en calma,

la luna estaba crecida,

moro que en tal signo nace

no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,

bien oiréis lo que diría:

– Yo te la diré, señor,

aunque me cueste la vida,

porque soy hijo de un moro

y una cristiana cautiva;

siendo yo niño y muchacho

mi madre me lo decía

que mentira no dijese,

que era grande villanía;

por tanto pregunta, rey,

que la verdad te diría.

– Yo te agradezco, Abenámar,

aquesa tu cortesía.

¿Qué castillos son aquéllos?

¡Altos son y relucían!

– El Alhambra era, señor,

y la otra la mezquita,

los otros los Alixares,

labrados a maravilla.

El moro que los labraba

cien doblas ganaba al día,

y el día que no los labra,

otras tantas se perdía.

El otro es Generalife,

huerta que par no tenía,

el otro Torres Bermejas,

castillo de gran valía.

Allí habló el rey don Juan,

bien oiréis lo que decía:

– Si tu quisieses, Granada,

contigo me casaría;

daréte en arras y dote

a Córdoba y a Sevilla.

– Casada soy, rey don Juan,

casada soy, que no viuda;

el moro que a mí me tiene

muy grande bien me quería.

 

ACTIVIDADES.

1.Resumen.  2. Tema.  3. Métrica.  4.Estilo.

 

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