Libro de Buen Amor. Juan Ruíz, Arcipreste de Hita.

  1. Autoría

Hay escasez de datos biográficos. Nació en Alcalá de Henares hacia 1283, estudió en Toledo y fue arcipreste en Hita (Guadalajara). Tras la lectura de la obra puede deducirse que fue un escritor que poseía amplia cultura, y también poseía un carácter vitalista, amante de la buena vida y los placeres terrenales.

  1. Obra

El Libro de Buen Amor es su única obra. Creación de complejidad estructural y con componentes diversos; aglutinados en torno a la biografía amorosa del protagonista. Distinguimos: composiciones líricas, narrativas, una alegoría y una serie de fábulas.

  1. Temática.

El tema principal es la contraposición entre dos amores: el buen amor, espiritual, a Dios, a la Virgen; y el loco amor, el terrenal, humano, carnal.

Este tema se presenta con ambigüedad, apreciable en los versos del inicio donde señala que en su libro van a encontrarse ambas posturas: para quienes desean ese amor espiritual, pero también para quienes desean conocer la parte más mundana del sentimiento amoroso.

Este libro tanto por las situaciones presentadas como por el estilo natural y fresco del lenguaje es una muestra de la vida del siglo XIV.

 

TEXTO

Disputa de los griegos y romanos.

 Así ocurrió que Roma de leyes carecía;

pidióselas a Grecia, que buenas las tenía.

Respondieron los griegos que no las merecía

ni había de entenderlas, ya que nada sabía.

Pero, si las quería para de ellas usar,

con los sabios de Grecia debería tratar,

mostrar si las comprende y merece lograr;

esta respuesta hermosa daban por se excusar.

Los romanos mostraron en seguida su agrado;

la disputa aceptaron en contrato firmado,

mas, como no entendían idioma desusado,

pidieron dialogar por señas de letrado.

Fijaron una fecha para ir a contender;

los romanos se afligen, no sabiendo qué hacer,

pues, al no ser letrados, no podrán entender

a los griegos doctores y su mucho saber.

Estando en esta cuita, sugirió un ciudadano

tomar para el certamen a un bellaco romano

que, como Dios quisiera, señales con la mano

hiciese en la disputa y fue consejo sano.

A un gran bellaco astuto se apresuran a ir

y le dicen: —«Con Grecia hemos de discutir;

por disputar por señas, lo que quieras pedir

te daremos, si sabes de este trance salir».

Vistiéronle muy ricos paños de gran valía

cual si fuese doctor en la filosofía.

Dijo desde un sitial, con bravuconería:

—«Ya pueden venir griegos con su sabiduría».

Entonces llegó un griego, doctor muy esmerado,

famoso entre los griegos, entre todos loado;

subió en otro sitial, todo el pueblo juntado.

Comenzaron sus señas, como era lo tratado.

El griego, reposado, se levantó a mostrar

un dedo, el que tenemos más cerca del pulgar,

y luego se sentó en el mismo lugar.

Levantóse el bigardo, frunce el ceño al mirar.

Mostró luego tres dedos hacia el griego tendidos,

el pulgar y otros dos con aquél recogidos

a manera de arpón, los otros encogidos

Sentóse luego el necio, mirando sus vestidos.

Levantándose el griego, tendió la palma llana

y volvióse a sentar, tranquila su alma sana;

levantóse el bellaco con fantasía vana,

mostró el puño cerrado, de pelea con gana.

Ante todos los suyos opina el sabio griego:

—«Merecen los romanos la ley, no se la niego».

Levantáronse todos con paz y con sosiego,

¡gran honra tuvo Roma por un vil andariego!

Preguntaron al griego qué fue lo discutido

y lo que aquel romano le había respondido:

—«Afirmé que hay un Dios y el romano entendido,

tres en uno, me dijo, con su signo seguido.

«Yo: que en la mano tiene todo a su voluntad;

él: que domina al mundo su poder, y es verdad.

Si saben comprender la Santa Trinidad,

de las leyes merecen tener seguridad».

Preguntan al bellaco por su interpretación:

—«Echarme un ojo fuera, tal era su intención

al enseñar un dedo, y con indignación

le respondí airado, con determinación,

«que yo le quebraría, delante de las gentes,

con dos dedos los ojos, con el pulgar los dientes;

Dijo él que si yo no le paraba mientes,

a palmadas pondría mis orejas calientes.

«Entonces hice seña de darle una puñada

que ni en toda su vida la vería vengada;

cuando vio la pelea tan mal aparejada

no siguió amenazando a quien no teme riada».

Por eso afirma el dicho de aquella vieja ardida

que no hay mala palabra si no es a mal tenida,

toda frase es bien dicha cuando es bien entendida.

Entiende bien mi libro, tendrás buena guarida.

 

Comentario de texto.

  1. Resumen.
  2. Tema.
  3. ¿Se aprecia la ambigüedad en el pasaje seleccionado? ¿En qué consiste?
  4. Hay recursos propios del Mester de Juglaría que son utilizados en El Libro de Buen Amor, como los epítetos y fórmulas épicas. Señale alguno.
  5. Señale las diferencias indicadas entre el griego y el romano.
  6. Analice la métrica e indique el tipo de estrofa utilizada.
  7. Indique los versos de carácter moralizador.
  8. Señale las apelaciones al lector.

 

 

 

 

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