EL LAZARILLO DE TORMES.

  • AUTOR: Anónimo. Probablemente algún erasmista o judío converso está tras la autoría de esta obra.
  • ARGUMENTO:

Lázaro, muchacho procedente de una familia pobre, queda huérfano de padre y es puesto por su madre a servir a un ciego, con el que convive y sufre hambre y malos tratos a la vez que aprende de su astucia. Servirá posteriormente a un clérigo y a un escudero y el hambre se acentúa de modo que luego tendrá más cuidado en la elección de sus amos. Pasará por servir a un fraile, a un vendedor de bulas, pintor de panderos, capellán… para finalizar casándose e instalándose en Toledo, como pregonero de vinos y con el entredicho de la infidelidad de su mujer.

  • ESTRUCTURA:

Novela epistolar. Lázaro adulto cuenta su vida a un personaje de Toledo, a quien se dirige como a Vuesa Merced. El objetivo es responder a los comentarios que corren por Toledo sobre la infidelidad de su esposa.

  • ESPACIO: Lugares concretos, reales: Salamanca, Escalona, Maqueda, Toledo…
  • TIEMPO: Dos dimensiones temporales, el presente desde el que habla Lázaro y el pasado desde su infancia hasta la edad adulta.
  • APARTADOS: Siete tratados o capítulos, identificados cada uno con cada uno de los amos a los que sirve. En los tres primeros Lázaro pasa hambre y tras muchas privaciones concluirá su crecimiento y aprendizaje. A partir del cuarto amo comienza un levísimo ascenso social hasta acabar instalándose en Toledo.
  • Refleja el ideal expresivo del Renacimiento, sencillez, claridad, precisión, equilibrio. Utiliza un registro adecuado: llano, sencillo, popular, uso de refranes, diminutivos, frases hechas, expresiones malsonantes, ironía…Estilo muy adecuado para la crítica de la España Imperial: iglesia, hidalguía, honor, falsas apariencias… un país alejado del heroísmo y la idealización.
  • ORIGINALIDAD:

-Protagonista que va evolucionando, a diferencia de los héroes de las otras novelas que eran personajes conformados.

-Protagonista: antihéroe.

– Crítica social. Es el objetivo de la novela, desde dentro de la sociedad, ya que Lázaro sirve a diferentes amos.

-Ambigüedad del final. Desaparece la interpretación unívoca, más propia de la Edad Medieval

-Realismo, frente a la idealización del resto de subgéneros narrativos.

– Narración en primera persona. Aparente autobiografismo  para reforzar el espíritu crítico de la obra.

 

TEXTOS.

Texto 1. (Tratado I).

Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta, y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido.(…)

Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y, delicadamente, con una muy delgada tortilla de cera, taparlo; y, al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y, al calor de ella luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.

-No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano.

Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.

Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.

 

Texto 2. (Tratado I).

-Agora quiero yo usar contigo de una liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas y que hayas de él tanta parte como yo. Partillo hemos de esta manera: tú picarás una vez y yo otra, con tal que me prometas no tomar cada vez más de una uva. Yo haré lo mismo hasta que lo acabemos, y de esta suerte no habrá engaño.

Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego al segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él, mas aún pasaba adelante: dos a dos y tres a tres y como podía las comía. Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y, meneando la cabeza, dijo:

-Lázaro, engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas tres a tres.

-No comí -dije yo-; mas ¿por qué sospecháis eso?

Respondió el sagacísimo ciego:

-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas.

 

Texto 3. (Tratado III).

Tú, mozo, ¿has comido?

-No, señor -dije yo-, que aún no eran dadas las ocho cuando con Vuestra Merced encontré.

-Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, y, cuando así como algo, hágote saber que hasta la noche me estoy así. Por eso, pásate como pudieres, que después cenaremos.(…)

-Señor, mozo soy que no me fatigo mucho por comer, bendito Dios. De eso me podré yo alabar entre todos mis iguales por de mejor garganta, y así fui yo loado de ella hasta hoy día de los amos que yo he tenido.

-Virtud es ésa -dijo él-, y por eso te querré yo más, porque el hartar es de los puercos y el comer regladamente es de los hombres de bien.

«¡Bien te he entendido! -dije yo entre mí-. ¡Maldita tanta medicina y bondad como aquestos mis amos que yo hallo hallan en la hambre!»

Púseme a un cabo del portal y saqué unos pedazos de pan del seno, que me habían quedado de los de por Dios. Él, que vio esto, díjome:

-Ven acá, mozo. ¿Qué comes?

Yo lleguéme a él y mostréle el pan. Tomóme él un pedazo, de tres que eran, el mejor y más grande, y díjome:

-Por mi vida, que parece éste buen pan.

-¡Y cómo agora -dije yo-, señor, es bueno!

-Sí, a fe -dijo él-. ¿Adónde lo hubiste? ¿Si es amasado de manos limpias?

-No sé yo eso -le dije-; mas a mí no me pone asco el sabor de ello.

-Así plega a Dios -dijo el pobre de mi amo.

Y, llevándolo a la boca, comenzó a dar en él tan fieros bocados como yo en lo otro.

-¡Sabrosísimo pan está -dijo-, por Dios!

Y como le sentí de qué pie cojeaba, dime prisa, porque le vi en disposición, si acababa antes que yo, se comediría a ayudarme a lo que me quedase. (…)Y entró en una camareta que allí estaba, y sacó un jarro desbocado y no muy nuevo, y, desque hubo bebido, convidóme con él. Yo, por hacer del continente, dije:

-Señor, no bebo vino.

-Agua es -me respondió-. Bien puedes beber.

Entonces tomé el jarro y bebí, no mucho, porque de sed no era mi congoja

 

ACTIVIDADES.

  1. Resumen
  2. Tema
  3. Personajes
  4. Estilo

 

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