1. EL TEATRO DEL SIGLO XV. LA CELESTINA.

En el siglo XV se produce el despertar del teatro en castellano. Se escriben obras de carácter religioso y profano, a veces el mismo autor escribe en ambas líneas. Los temas del teatro religioso se vinculan al nacimiento de Cristo o a celebraciones de la Pasión. La temática del teatro profano presenta ya la valoración del amor humano que anuncia el renacimiento. Juan del Encina es un autor que presenta ambas tendencias. La Celestina de Fernando de Rojas (1499) supone la culminación de la dramaturgia de la Edad Media y es una obra magistral del teatro en castellano. Analizaremos algunos aspectos a continuación.

2. LA CELESTINA.

  • Autor: Fernando de Rojas. (1476-1541).Estudió Leyes y Humanidades en Salamanca. Ascendencia judía .Poseyó una gran cultura. Según sus confesiones y la confirmación de la crítica, encontró escrito el primer acto y él escribió el resto de la obra.
  • Estructura de la obra. En 1ª versión 16 actos, después la versión definitiva 21.Es desconocido el autor del 1º acto. Por su estructuración en actos, la forma dialogada y el uso de acotaciones posee carácter dramático, aunque de difícil representación sin recortes adecuados. En su origen estaba destinada a la lectura.

Se distinguen tres apartados: planteamiento, desarrollo y desenlace. En el planteamiento (acto I) se produce el encuentro entre Calisto y Melibea. Celestina se encargará de intervenir para conseguir la relación amorosa entre ellos. En el desarrollo (actos II- XVII) Celestina consigue que los enamorados se encuentren, se relacionen. Muere asesinada por los criados de Calisto (Pármeno y Sempronio)  debido a su extrema ambición y negativa a repartir el pago recibido de Calisto por procurarle los encuentros con Melibea.En el desenlace ( Actos XVIII- XXI) Aréusa y Elicia buscan la venganza  de los amantes. Calisto muere, Melibea se suicida. El padre de Melibea, Pleberio se lamenta y expresa su pesimismo ante la vida.

  • Título. El título primitivo Tragicomedia de Calisto y Melibea dio paso a La Celestina, por ser este personaje, esta vieja bruja alcahueta la que adquiere el mayor protagonismo, por ser un personaje capaz de manejar a todos los demás para conseguir sus objetivos.
  • Tema y sentido. La intencionalidad de Fernando de Rojas es el didactismo, la moralización, porque quiere recriminar la conducta de los enamorados que dejándose llevar por ese loco amor se anteponen o enfrentan a todo, incluso a Dios y a la conducta moralmente correcta.

Sin embargo se aprecia un cambio de mentalidad  frente a la Edad Media, nos encontramos ante una visión renacentista apreciable en la sustitución de algunos conceptos: la religión, la vida como camino hacia el cielo, el teocentrismo, la visión ordenada del mundo van a desaparecer ante la exaltación del placer carnal ,del amor humano, del vitalismo terrenal y actitudes como el materialismo, individualismo, pesimismo, egoísmo, resentimiento, envidia, venganza… surgirán en los personajes de la obra.

Se han presentado diferentes interpretaciones de esta obra: Hay posiblemente un deseo de crítica de la novela sentimental  y su artificiosidad y desmedida  literaturización del amor (sentimiento extremadamente elevado, sentimentalismo, la muerte por amor…); algo parecido a lo que hará Cervantes en el Quijote y su crítica a las novelas de caballerías. Hay también un deseo de moralizar y prevenir acerca de las terribles consecuencias que supone el abandonarse a la pasión amorosa. Finalmente hay una crítica y advertencia sobre el oficio de la celestina y su s malas artes para alterar las voluntades de jóvenes ingenuas.

  • Originalidad .Destacables cuatro aspectos.

Realismo en el reflejo de la sociedad, de la época: enfrentamiento de clases (amos-criados), materialismo de la época, corrupción de diferentes estamentos sociales, presencia de actitudes extremadamente individualistas, como la avaricia, resentimiento, envidia…

Conocimiento y reflejo de la naturaleza del ser humano: sentimientos, intereses, vicios, pasiones…que sabrá magistralmente manejar la vieja Celestina por su capacidad para el engaño, la manipulación y su gran conocimiento  y dominio de los demás personajes.

Riqueza estilística, apreciable en la madurez de la lengua castellana y la riqueza expresiva manifestada en la combinación  del registro culto (latinismos, estructuras sintácticas largas y complejas, enumeraciones, paralelismos…) con el coloquial-popular (refranes, expresiones malsonantes, exclamaciones, preguntas…; que aparecen dependiendo de la clase social de los personajes o de los intereses de Celestina según con quien converse.

Cúmulo de experiencias. Reflejadas en la visión de la vida y del mundo a través de variadas formas de expresión destinadas a mostrar y enseñar el sentido diferente de la vida y el mundo (anécdotas, ejemplos, refranes, sentencias…)

Textos:

(Acto IV)

CELESTINA.-  Señora, el perdón sobraría donde el yerro falta. De Dios seas perdonada, que buena compañía me queda. Dios la deje gozar su noble juventud y florida mocedad, que es tiempo en que más placeres y mayores deleites se alcanzarán. Que, a la mi fe, la vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente, cuidado triste de lo por venir, vecina de la muerte, choza sin rama que se llueve por cada parte, cayado de mimbre que con poca carga se doblega.

MELIBEA.-  ¿Por qué dices, madre, tanto mal de lo que todo el mundo con tanta eficacia gozar y ver desea?

CELESTINA.-  Desean harto mal para sí, desean harto trabajo. Desean llegar allá porque llegando viven y el vivir es dulce y viviendo envejecen. Así que el niño desea ser mozo y el mozo viejo y el viejo, más; aunque con dolor. Todo por vivir, porque dicen «viva la gallina con su pepita». Pero, ¿quién te podría contar, señora, sus daños, sus inconvenientes, sus fatigas, sus cuidados, sus enfermedades, su frío, su calor, su descontentamiento, su rencilla, su pesadumbre, aquel arrugar de cara, aquel mudar de cabellos su primera y fresca color, aquel poco oír, aquel debilitado ver, puestos los ojos a la sombra, aquel hundimiento de boca, aquel caer de dientes, aquel carecer de fuerza, aquel flaco andar, aquel espacioso comer? Pues ¡ay, ay, señora!, si lo dicho viene acompañado de pobreza, allí verás callar todos los otros trabajos, cuando sobra la gana y falta la provisión, que jamás sentí peor ahíto que de hambre.

(Acto VII)

ELICIA.-  Por Dios, dejemos enojo y al tiempo el consejo. Hayamos mucho placer. Mientras hoy tuviéremos de comer no pensemos en mañana. También se muere el que mucho allega como el que pobremente vive, y el doctor como el pastor, y el Papa como el sacristán, y el señor como el siervo, y el de alto linaje como el bajo. Y tú con oficio, como yo sin ninguno, no habemos de vivir para siempre. Gocemos y holguemos, que la vejez pocos la ven, y de los que la ven, ninguno murió de hambre. No quiero en este mundo sino día y victo y parte en paraíso. Aunque los ricos tienen mejor aparejo para ganar la gloria que quien poco tiene, no hay ninguno contento, no hay quien diga harto tengo, no hay ninguno que no trocase mi placer por sus dineros. Dejemos cuidados ajenos y acostémonos, que es hora, que más me engordará un buen sueño sin temor que cuanto tesoro hay en Venecia.

(Acto XXI)

PLEBERIO.-  ¡Ay, ay, noble mujer! Nuestro gozo en el pozo, nuestro bien todo es perdido. ¡No queramos más vivir! (…) Ayúdame a llorar nuestra llagada postrimería. ¡Oh gentes que venís a mi dolor! ¡Oh amigos y señores, ayudadme a sentir mi pena! ¡Oh mi hija y mi bien todo! Crueldad sería que viva yo sobre ti. Más dignos eran mis sesenta años de la sepultura que tus veinte. Turbose la orden del morir con la tristeza que te aquejaba. ¡Oh mis canas, salidas para haber pesar, mejor gozara de vosotras la tierra que de aquellos rubios cabellos, que presentes veo! Fuertes días me sobran para vivir, quejarme he de la muerte, incusarle he su dilación cuanto tiempo me dejare solo después de ti. Fálteme la vida, pues me faltó tu agradable compañía. ¡Oh mujer mía! Levántate de sobre ella y, si alguna vida te queda, gástala conmigo en tristes gemidos, en quebrantamiento  y suspirar (…) ¡Oh duro corazón de padre! ¿Cómo no te quiebras de dolor, que ya quedas sin tu amada heredera? ¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? ¿Para quién fabriqué navíos? ¡Oh tierra dura!, ¿cómo me sostienes? ¿A dónde hallará abrigo mi desconsolada vejez? ¡Oh fortuna variable, ministra y mayordoma de los temporales bienes!, ¿por qué no ejecutaste tu cruel ira, tus mudables ondas, en aquello que a ti es sujeto? ¿Por qué no destruiste mi patrimonio? ¿Por qué no quemaste mi morada? ¿Por qué no asolaste mis grandes heredamientos?

ACTIVIDADES:

  1. Resumen
  2. Tema
  3. Tópicos literarios.
  4. Análisis de los personajes
  5. Didactismo.
  6. Estilo.

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